martes, 9 de noviembre de 2010

El sueño de Pablo


Libro álbum
Primera edición: 2008

A Pablo le gusta dormirse escuchando el sonido del mar. Aunque nunca lo ha visto, sabe por su abuelo, que fue marinero en su juventud, que el mar es mucho más grande que la pradera que se extiende a poniente, que tiene mucha más agua que el río del valle y que no se puede abarcar con la vista.


Primera impresión
Hace dos años celebraba yo un séptimo aniversario que este año ya no se festejará, pero en ese entonces recibí de regalo este libro, en el marco de la FILIJ a la que por cierto tampoco iremos con stand. Este sin duda ha sido un año rarísimo, con muchas bajas y cambios, pero ya está por acabar y esperemos que todo termine por ponerse en su lugar. El libro me cautivó por esos peces increíbles de la portada y por su título tan sutil y exacto.

No hay nada como las ilustraciones de Pablo Auladell. El diseño limpio que privilegia la imagen y muestra la frase sencilla, el diálogo, el pensamiento y fantasía de cada página dan un ritmo de lectura suave, como el sueño de un niño. Las atmósferas de Auladell se conjugan a la perfección con esa prosa poética y entrañable que tan bien sabe tejer Antonio Ventura (autor de Berta sueña).

Reseña
Pablo escucha antes de dormir el sonido del mar, quiere conocerlo pero aún es muy joven. Sueña con verlo un día, con aprender a leer y con casarse con Julia. Por el momento no parece tener importancia si será en una semana o en un tiempo aún desconocido: Pablo sueña.

Opinión
Cada quien sueña con lo que desea. El sonido que nos arrulla antes de caer dormidos puede convertirse en cualquier cosa. No sólo en una mente tan joven como la de un niño pequeño los deseos y los sueños se mezclan, nos pasa a todos, y tampoco los sueños y deseos se cumplen siempre, ni la realidad ahí afuera es tal como queremos. Pero basta una palabra para que eso que queremos exista, en el futuro, en el pasado, o en esa atemporalidad de la mente de cada quien, donde ser grande puede llegar la siguiente semana, y ver el mar ocurrir en la noche. Da igual el futuro que ya no será porque existe en la memoria, casa de los sueños, de los deseos y de lo atemporal. Así como los aniversarios que ya no se cumplen habitan en los libros que siempre es posible volver a leer.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Con las manos vacías


Libro álbum

Primera edición: 2010

Hoy es el cumpleaños de Mario y ha invitado a Jana a merendar en su casa.
Casi es la hora, pero Jana no sabe qué regalarle.
Por el camino busca algo que pueda gustarle a su amigo.
¿Y si le llevo agua de mar?
No, eso ya lo tiene,
porque el mar está en sus ojos.
¿Y si le preparo un ramo de nubes?
No, eso y a lo tiene,
porque las nubes están en su silencio.
¿Y si le recojo unas gotas de lluvia?
No, eso ya lo tiene,
porque la lluvia está en su corazón.

Primera impresión
Ceci vino a quedarse varias semanas a mi casa y ayer se fue. Consigo trajo tres maletas casi vacías que a la vuelta probablemente le hayan costado varios cientos de dólares por sobrepeso. Mi casa estaba hecha un verdadero desorden antes de que llegara. Y no me había dado cuenta porque me acostumbré a vivir así, pero el día en que comencé a arreglar su cuarto, a dejar la cocina funcional y la casa presentable noté que aún tenía cerca de once cajas empacadas. Mi mudanza había sido tan intempestiva, que lo que sí había desempacado fue como aguantando la respiración bajo el agua. Pero estas once cajas no, y así, con cuidado y gusto, desempaqué mis diarios y cuadernos, libros que por meses había estado buscando sin éxito, muchos adornos, unos peces que me había dado mi amiga Marisol y que colgué en la pared sobre mi cama. Ceci vino y le dio un sentido nuevo a mi casa y a mis ganas de volverla habitable. Ahora que se fue, me dejó Con las manos vacías. Me regaló el último día una chamarra y este libro. Así no paso frío.

Ilustraciones
Las ilustraciones de Cecilia, el ritmo de las páginas y los colores asombran, son entrañables. Me gustó especialmente Con las manos vacías porque Ana y Ceci las dos son autoras del libro. Es otro gran ejemplo de lo que es un buen libro álbum, donde el texto y el sentido que cobra al ser leído con las imágenes página a página no serían el mismo sin el otro. De hecho, el final es tan emotivo (yo lloré), y viene dado por una sorpresa en la historia, comunicada por la ilustración, que le pregunté cómo había sido la dinámica de trabajo entre ellas. Ceci me contó que Ana le dio el texto y ella lo empezó a trabajar, hablaban acerca de todo, y a Ceci se le ocurrió darle ese giro al final.

Reseña
Jana sale de su casa a visitar a Mario el día de su cumpleaños. Por el camino busca algo que pueda darle como regalo, comienza a darse cuenta de que quizá Mario tiene ya todo lo que necesita...

Opinión
La narrativa generada entre el texto y la ilustración vuelven a éste un gran libro álbum. Cecilia retrata una atmósfera desde la primera imagen que da sentido a toda la historia, al poema de Ana: una habitación llena de objetos que hablan del lugar donde vive la protagonista, de sus pasatiempos, de sus colecciones, de sí misma; su cuarto es como verla por dentro. Esta imagen introduce cómo es que Jana podría encontrar en el trayecto algo para Mario. Para Jana, eso que parte de ella y que a la vez encuentra ahí afuera en el mundo, son los elementos precisos para construir algo que dar. De ahí que, al contrario de lo que algunos creen, regalar también sea un acto creativo, que habla de cuánto conocemos a la persona, de qué forma podemos sorprenderla y en esa medida darle algo de nosotros mismos. El regalo ideal está esperándonos siempre y hay que estar atentos para encontrarlo. Al final, cuando se quiere tanto a alguien, es imposible llegar a su encuentro con las manos vacías.


jueves, 12 de agosto de 2010

El niño con bigote

Texto: Esteban Cabezas
Ilustraciones: Alejandra Acosta

Mención de Honor
XIII Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento

Los Especiales
A la Orilla del Viento
Fondo de Cultura Económica


Esa mañana, Juan despertó con bigote.
No se dio cuenta antes de salir de la cama, pero de pronto notó que le había salido un montón de pelos.
“¡Qué bien! —pensó Juan—. ¡Ahora me dejarán entrar a ver películas para mayores de edad!”.

Juan amanece como todas las mañanas, excepto que ésta se encuentra en su reflejo a un niño con bigote. La emoción que lo aborda de entrada pronto se desvanece, ¿eso significa que tiene que hacer también las cosas que hace la gente con bigote?

Primera impresión
Conocí por blogs el de Ale Acosta, y me llamó la atención la entrada donde hablaba de este libro que, decía, había metido al concurso del FCE en el que finalmente recibió Mención de Honor y resultó publicado.
Leo el libro ahora y pienso en ese momento en que uno decide irse de su casa y de hecho lo hace, en ese día ya fuera de casa en que uno amanece enfermo y tiene que curarse a sí mismo, hacerse de comer, pagar las cuentas, ordenar y habitar un espacio que no depende más que de uno que sea habitable; el día en que uno tiene que acomodarse en una vida que no tiene ya relación con la niñez. En resumen, un día uno despierta, se mira al espejo y se encuentra con un niño con bigotes.

Lápices, tintas y texturas digitales componen cada plano en las ilustraciones de Ale Acosta. El niño es memorable (un gran personaje) y los pelos están presentes desde el título formando la tipografía, hasta en un piso víctima del recorte impulsivo de este pequeño bigotón. Me encanta una imagen en la que aparece gente con bigotes y entre hombres en la calle aparece también una señora bigotona.

Opinión
¿Un niño con bigote? La imagen sin duda resulta cómica, absurda, paradójica. Si el bigote es el símbolo de ser adulto, acentuar en la historia que quien lo porta es un niño presenta de manera muy original el tema de la identidad y crecimiento. En el fondo, todos somos niños (con bigote).
Juan reconoce que crecer trae consigo beneficios (ahora podrá entrar al cine a ver películas para grandes), pero también responsabilidades que aún no quiere vivir: noches de desvelo, desmañanadas para ir al trabajo, hacer diligencias en la calle… Preocupaciones, en fin, para las que no está preparado. Mejor cortar el problema, ganar tiempo, desayunar el cereal que su madre le sirve, ser niño otra vez.
Cortarse el bigote resulta un santo remedio (¡si todo fuera tan sencillo como cortarse el bigote!), pero ninguna solución puede ser tan simple, menos para semejante problema; y tal cual, resulta sólo  temporal, momentánea, fugaz.
Es como si Juan cerrara los ojos para vivir por un día como el niño que ya no es, el problema es que Juan no sabe que al día siguiente el problema habrá vuelto con todo y probablemente peor que el día anterior.
¿No será que no queda de otra que aceptar el bigote que nos mira de vuelta en el espejo cada mañana, servirse uno mismo el cereal y disfrutar ir al cine? Ya es hora.

domingo, 25 de julio de 2010

¿Todavía nada?

Christian Voltz
Libro álbum

Primera edición: 2008

Una mañana, muy temprano, el señor Luis cavó un hoyo enorme en la tierra. En él dejó caer una semillita llena de promesas (porque a las semillas les gusta abrigarse en la tierra). Después, lo volvió a rellenar y saltó encima con todas sus fuerzas para apretujar la tierra (porque a las semillas les gusta abrigarse en la tierra bien apretujada). Luego, empapó la tierra con su regadera (porque a las semillas les gusta la tierra bien apretujada y muy húmeda). Finalmente, el señor Luis dijo: Te estaré esperando (porque a las semillas les gusta sentir que alguien las quiere y las espera).

Primera impresión
En una Feria del Libro del Zócalo (ya antes mencionada aquí), compré varios libros de Voltz. La caricia de la mariposa me hizo llorar ahí mismo en el stand donde lo encontré, y de ahí seguí en busca de otros de su autoría. ¿Todavía nada? me gustó, pero hoy que rondaba por mi casa, al parecer evitando hincarle el diente a ciertos pendientes y con una enredadera emocional creciente en la cabeza, sentí deseos de volver a leerlo. Porque los libros son respuestas que uno no sabe que busca, consejos que probablemente necesita y parte de nosotros al fin; por eso la reiteración y vuelta a ellos, a algunos y en ciertos momentos. Éste me dijo: “paciencia”.

Lo que de inmediato llama la atención en las ilustraciones de Christian Voltz es el manejo de texturas y objetos para construir a sus personajes: alambre, pedazos de madera, semillas, papeles, tuercas y más. El escenario es teatral, visto de frente y partido por la mitad: la tierra, el cielo, el personaje sobre la primera, un ave sobrevolando el segundo, la semilla madurando lentamente abajo de todo, sólo para nuestros ojos privilegiados de lectores.

Reseña
El señor Luis sabe cómo plantar una semilla, cómo cavar un hoyo grande, cómo colocarla en la tierra para después apretarla, sabe que debe regarla y hablarle, que debe hacerla sentir que la espera, eso necesitan las semillas, pero ¿conoce realmente el señor Luis el arte de la espera?

Opinión
La espera es un ritmo que el tiempo mismo pone. Su conclusión no depende de quien espera ni de aquello a lo que se espera, llega solo, como el azar, como lo que sorprende: es un acto de magia. Lo que nace de una semilla es una metáfora que cada lector completa (alguien amado, una respuesta, un sentimiento reconciliador, la felicidad). Si estamos dispuestos a olvidar que esperamos (quizá sólo así) seremos capaces de sorprendernos ante el acto de magia que implica su llegada. Por eso, mientras tanto, a vivir.

¡Qué niño más lento!

Lucía Serrano
Libro álbum

Primera edición: 2010
Colección Los Especiales A la Orilla del Viento


—¡Arriba, Néstor! ¡Qué niño más lento!
Tam, tam, tam, oye Néstor, y se levanta a su ritmo, pasito a pasito.


Primera impresión
Leí por primera vez este libro en una pantalla de computadora en una situación laboral. El ritmo de la historia, el personaje y el tema que aborda me cautivaron. Lo encontré a las pocas semanas en la librería: era un libro chiquitito (20 x 17 cm), más pequeño de lo que imaginé, y no sé si en conjunto con el tamaño, leerlo así, tenerlo en las manos lo convirtió en un álbum entrañable que, por si fuera poco, ganó el premio A la Orilla del Viento 2009.

Las ilustraciones son ricas en texturas. Grafito, lápices, acuarelas, una paleta sobria, con muchos sepias y pasteles. Lucía Serrano juega con el desenfado del grafito sin perder jamás el control del rayón. La soltura de la línea llena de dinamismo cada página, y dota de una gran plasticidad las escenas y atmósferas.

Reseña
Néstor vive a su ritmo, no parece importarle lo que los demás le digan. Hasta que un día el “Tam, tam, tam” desaparece.

Opinión
Conocerte es entender tus propios ritmos. No siempre es posible vivir así, pues el exterior impone muchas veces los suyos. Construir la identidad es entender que debe existir un balance entre lo que se exige y lo que se puede dar, supongo que más para un niño, y especialmente uno como Néstor. No hay que subestimar el poder de la paciencia ni el del tiempo; saber esperar trae grandes cosas o, por lo menos, lo que sólo uno mismo esperaría de sí.