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sábado, 24 de diciembre de 2011

Los sueños de Helena


Libro ilustrado
Primera edición: 2011

Helena me humilla cada mañana, a la hora del desayuno, contándome sus sueños prodigiosos.
Ella entra en la noche como en un cine, y cada noche un sueño nuevo la espera.
Mientras ella cuenta, yo bebo mi café en silencio.
Más me vale callar. Los pocos sueños míos que consigo recordar son de una bochornosa estupidez.
Para vengarme, escribo los sueños que ella vuela.
Aquí están, reunidos, fugitivos de las páginas de mis libros que ellos, los sueños, han mejorado tanto.
Las obras de Isidro los acompañan, de la mejor manera.



Una vez le pregunté a una bebé de menos de un año qué había soñado y se soltó llorando. Al disculparme, su abuela aseguró: “Es una pregunta demasiado personal”. No sólo eso es cierto, también la pequeña Mía y yo acabábamos de conocernos. Además aún no sabe hablar.
¿Qué hay en el silencio de los sueños y en la potencia de contarlos?
Si sueñas que alguien se muere, probablemente estés enojado con esa persona, y aun así sientes la urgencia de decírselo. Será porque muchas veces se siente culpa al despertar, un miedo infinito de tener la omnipotencia de asesinar en nuestra mente y durante la noche a quienes más queremos y ser impunes: “Tú dormías tan tranquilo mientras en mi sueño morías”.
O los amantes que todo se lo dicen y hasta se citan de noche en un lugar imposible donde confluyeran las mentes de los dos. Talitas y Travelers* los hay por doquier, y pocos logran construir ese espacio en común, cual diagrama de Venn, que se localiza del otro lado del centro, en un toro espectacular que toca los lugares más recónditos e íntimos de cada quien y sólo con esa persona se comparten.

Compré este libro por las ilustraciones. No tenía ningún libro de Isidro Ferrer, y más que fijarme en el autor, ver el título o examinar el texto al hojear el libro, me quedé leyendo cada imagen, pequeñas esculturas de papel, tridimensiones bidimensionales, pedacería de recuerdos que se convierten en colecciones para luego dar forma a esas obras de arte que pueden funcionar como ilustraciones, carteles o piezas en sí mismas.
En las ilustraciones de Ferrer habita por igual un muñeco de plástico que bien pudo haber encontrado en el interior de una rosca de Reyes, una escultura de cerámica que figura al mismo tiempo una nube y una taza —binomio fantástico—, o un maravilloso mar hecho de Braille —que conmueve tanto como el texto que acompaña, donde una abuela ciega podía ver el país que habitaría en el exilio ya por el resto de su vida—.
No compré este libro por lo que era, porque aún no lo conocía. Pasa mucho comprar un libro sólo por la portada. Pero la primera noche que volví de la FIL, empecé a leer Los sueños de Helena, su potente prólogo, cada sueño, microrrelato o poema, que venía de la mano de estas hipnotizantes imágenes.

Todos soñamos cada noche, pero pocos lo recuerdan al despertar. Muchos son grandes narradores de sus vidas secretas, para sí mismos o para aquel que acompaña con un café las mañanas, viajeros vertiginosos de la noche. Alguien en este momento siente la urgencia de recapitularlos ante un cuaderno, o espera en un trayecto que no se esfume para revivir su esencia en cualquier otro momento y lugar. Pero curiosamente el soñador termina por olvidar muchos de sus sueños que tan profundamente marcan a su escucha —sin duda los sueños son más fugaces que el amor—.

Entre palabras y objetos crecen figuras tejidas desde todos los lenguajes posibles. Las metáforas caen como lluvia amable para reflejar la candidez del piso abandonado por un niño que estuvo jugando toda la tarde con pequeños objetos que resignificó, uno a uno, hasta revelar esa atmósfera, escenario y película final que desde un cielo y desde la tierra invita a cualquiera a jugar.

lunes, 4 de julio de 2011

Poka & Mina: El despertar


Libro álbum
Primera edición: 2005
Primera edición español: 2010


—¡Arriba Poka, mira qué buen día hace!
—Hmmm —dice Poka.



!
Conocí a Kitty Crowther en el stand del Ilustradero en la pasada FIL de Guadalajara. Fue al lado de Eric Titusson, director del Astrid Lindgren Memorial Award y yo poca idea tenía de que estaba nada menos que la ganadora de dicho premio frente a mí. Vi a una mujer muy entusiasmada con todos los productos de los ilustradores, sonriente y sociable. Eric me la presentó y yo abrí grandes los ojos y la saludé. Meses más tarde, en Twitter encontraría una trivia que preguntaba quién había ganado el Astrid Lindgren el último año. Contesté de inmediato y, lo que nunca en la vida, ¡gané! La siguiente semana fui a Colofón a recoger mi premio: este libro que les presento, llegado justo a tiempo en un momento en que necesitaba tal cual despertar.

*
Las ilustraciones de Kitty Crowther, autora de sus propias historias, son sencillos y contundentes. Los personajes se colocan en un escenario exacto, con mucho blanco de fondo, que muestran acciones sin palabras en ocasiones, y que llevan la secuencia clara y con un ritmo preciso. Dicen poco y dicen tanto. Grafito, lápices de colores y un fondo inmaculado que resaltan al personaje y enmarcan la sutil coincidencia de ambos juntos y separados por el sueño y la realidad.

+
Una parábola que en pocas páginas genera la imagen suficiente de dos personajes que no se encuentran casi nunca, uno vivo y otro dormido, uno despierto y otro cansado. Pero ambos encontrándose justo donde quieren estar. No tenemos que ser iguales al otro para ser felices. En el equilibrio y la diferencia tal vez radique la felicidad.


viernes, 11 de febrero de 2011

La venganza de Edison

Javier Sáez Castán
Libro ilustrado
Primera edición: 2010
Mirador
 Para inventar la bombilla, no fracasé cuatrocientas veces;
tan sólo recorrí un camino de cuatrocientos pasos.
Thomas Alva Edison

Siempre creí que la historia de Aladino era un fraude.
No fue la lamparilla la que hizo aparecer al genio;
fue el genio quien hizo aparecer la lamparilla.
Prof. Vonderbuttis
El profesor Vonderbuttis sopesó la carta de recomendación sin llegar a rasgar el sobre, y luego hizo un gesto al joven para que se sentara.
—Descríbame sus méritos —dijo al fin, por toda presentación.
El aspirante tragó saliva desde el fondo de su butacón. En el pisapapeles de cristal que brillaba en medio de los documentos de la mesa como una estrella obligada a desempeñar labores burocráticas, se reflejaba la altísima puerta por la que acababa de entrar. Pero la puerta estaba cerrada y ya no podía volverse atrás.
—No poseo ninguno, profesor. Sólo la recta intención de aprender para llegar a ser un digno ayudante.

!
Hace algunos meses, tuve la fortuna de hacer la corrección de estilo de La venganza de Edison, libro ganador del premio Invenciones 2009. Había ido a la premiación durante la FIL de ese mismo año, donde Javier nos contó acerca de su faceta como escritor (paralela a aquella de autor de libros álbum), y de paso nos comentó de otro libro que tenía, muy parecido al tono de éste: Pom... pom... ¡Pompibol!. Se trataba de su primer libro, que había sido publicado cerca de diez años atrás por Anaya Infantil. Corrí a buscarlo y, suertuda de mí, quedaba uno. Descubrí este lado de Javier Sáez, tan a tono con sus libros álbum, pero llevada a un desarrollo casi delirante a partir del lenguaje. Gran amante de Lewis Carroll, cualquiera que sienta debilidad por Alicia en el país de las maravillas, no puede perderse de los libros de este gran autor.

*
Fue un gran acierto de Andrea Fuentes designarle la ilustración del libro a su propio autor. Así nos encontramos con una obra redonda, en donde el diseño generado por las viñetas, ilustraciones y estructura de la obra generan y potencian el juego propuesto desde las palabras.
Las ilustraciones en blanco y negro de Javier, hechas con tinta a línea y una gran riqueza de texturas, dan vida a personajes y escenas sostenidas en el tiempo muestran una instantánea que el lector puede contemplar detenidamente, y que sin duda enriquecen su impecable prosa.

+
El profesor Vonderbuttis entrevista a un joven para que se vuelva su ayudante en su extraña empresa. José Carlos Pradera habrá de estudiar a profundidad la vida y obra de Thomas Alva Edison y entender a su extraño jefe quien, más que dedicarse a inventar, desarrolla la teoría de la desinvención. Así surgen preguntas como: ¿Qué pasaría si cierto invento que parece absolutamente necesario para la civilización jamás hubiera sido inventado? ¿Qué pasa con todos aquellos descubrimientos que nunca fueron encontrados? ¿Qué pasaría si de pronto, con la Máquina de desinventar, borráramos del mundo y la memoria inventos tan importantes como la bombilla? Javier Sáez plantea este tipo de premisas para poner a sus protagonistas a jugar, como lo hiciera una pareja de niños una tarde cualquiera, sin repercusión alguna para la humanidad.
La obra de Javier es uniforme y coherente, baste recordar su serie de El pequeño rey (colección de libros álbum editada por Ekaré), donde un niño con cara de adulto juega a ser director de orquesta o general de infantería, niño al fin, que de manera lúdica se relaciona y acerca al mundo adulto que nunca le es lejano.
Al llevar al límite ciertas ideas, el profesor Vonderbuttis plantea las reglas del juego e invita a su asistente a jugar con él. Al final parecería que todo ocurre en su mente, pues con maestría ha trazado el camino de ida y vuelta, y no compromete nada. Todos siguen siendo los mismos, todo en orden, como cuando se termina de jugar. ¿O es que con sólo pensarlo la realidad no modificada físicamente no puede seguir siendo igual?
De ahí la maestría de Javier para lúdicamente poner sobre la mesa a reflexión y generar una crítica contundente de la ciencia, la filosofía y la historia de la humanidad. Sobra decir que cualquier lector estará agradecido de que un autor como Javier Sáez Castán lo invite a jugar con él.

martes, 9 de noviembre de 2010

El sueño de Pablo


Libro álbum
Primera edición: 2008

A Pablo le gusta dormirse escuchando el sonido del mar. Aunque nunca lo ha visto, sabe por su abuelo, que fue marinero en su juventud, que el mar es mucho más grande que la pradera que se extiende a poniente, que tiene mucha más agua que el río del valle y que no se puede abarcar con la vista.


Primera impresión
Hace dos años celebraba yo un séptimo aniversario que este año ya no se festejará, pero en ese entonces recibí de regalo este libro, en el marco de la FILIJ a la que por cierto tampoco iremos con stand. Este sin duda ha sido un año rarísimo, con muchas bajas y cambios, pero ya está por acabar y esperemos que todo termine por ponerse en su lugar. El libro me cautivó por esos peces increíbles de la portada y por su título tan sutil y exacto.

No hay nada como las ilustraciones de Pablo Auladell. El diseño limpio que privilegia la imagen y muestra la frase sencilla, el diálogo, el pensamiento y fantasía de cada página dan un ritmo de lectura suave, como el sueño de un niño. Las atmósferas de Auladell se conjugan a la perfección con esa prosa poética y entrañable que tan bien sabe tejer Antonio Ventura (autor de Berta sueña).

Reseña
Pablo escucha antes de dormir el sonido del mar, quiere conocerlo pero aún es muy joven. Sueña con verlo un día, con aprender a leer y con casarse con Julia. Por el momento no parece tener importancia si será en una semana o en un tiempo aún desconocido: Pablo sueña.

Opinión
Cada quien sueña con lo que desea. El sonido que nos arrulla antes de caer dormidos puede convertirse en cualquier cosa. No sólo en una mente tan joven como la de un niño pequeño los deseos y los sueños se mezclan, nos pasa a todos, y tampoco los sueños y deseos se cumplen siempre, ni la realidad ahí afuera es tal como queremos. Pero basta una palabra para que eso que queremos exista, en el futuro, en el pasado, o en esa atemporalidad de la mente de cada quien, donde ser grande puede llegar la siguiente semana, y ver el mar ocurrir en la noche. Da igual el futuro que ya no será porque existe en la memoria, casa de los sueños, de los deseos y de lo atemporal. Así como los aniversarios que ya no se cumplen habitan en los libros que siempre es posible volver a leer.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Con las manos vacías


Libro álbum

Primera edición: 2010

Hoy es el cumpleaños de Mario y ha invitado a Jana a merendar en su casa.
Casi es la hora, pero Jana no sabe qué regalarle.
Por el camino busca algo que pueda gustarle a su amigo.
¿Y si le llevo agua de mar?
No, eso ya lo tiene,
porque el mar está en sus ojos.
¿Y si le preparo un ramo de nubes?
No, eso y a lo tiene,
porque las nubes están en su silencio.
¿Y si le recojo unas gotas de lluvia?
No, eso ya lo tiene,
porque la lluvia está en su corazón.

Primera impresión
Ceci vino a quedarse varias semanas a mi casa y ayer se fue. Consigo trajo tres maletas casi vacías que a la vuelta probablemente le hayan costado varios cientos de dólares por sobrepeso. Mi casa estaba hecha un verdadero desorden antes de que llegara. Y no me había dado cuenta porque me acostumbré a vivir así, pero el día en que comencé a arreglar su cuarto, a dejar la cocina funcional y la casa presentable noté que aún tenía cerca de once cajas empacadas. Mi mudanza había sido tan intempestiva, que lo que sí había desempacado fue como aguantando la respiración bajo el agua. Pero estas once cajas no, y así, con cuidado y gusto, desempaqué mis diarios y cuadernos, libros que por meses había estado buscando sin éxito, muchos adornos, unos peces que me había dado mi amiga Marisol y que colgué en la pared sobre mi cama. Ceci vino y le dio un sentido nuevo a mi casa y a mis ganas de volverla habitable. Ahora que se fue, me dejó Con las manos vacías. Me regaló el último día una chamarra y este libro. Así no paso frío.

Ilustraciones
Las ilustraciones de Cecilia, el ritmo de las páginas y los colores asombran, son entrañables. Me gustó especialmente Con las manos vacías porque Ana y Ceci las dos son autoras del libro. Es otro gran ejemplo de lo que es un buen libro álbum, donde el texto y el sentido que cobra al ser leído con las imágenes página a página no serían el mismo sin el otro. De hecho, el final es tan emotivo (yo lloré), y viene dado por una sorpresa en la historia, comunicada por la ilustración, que le pregunté cómo había sido la dinámica de trabajo entre ellas. Ceci me contó que Ana le dio el texto y ella lo empezó a trabajar, hablaban acerca de todo, y a Ceci se le ocurrió darle ese giro al final.

Reseña
Jana sale de su casa a visitar a Mario el día de su cumpleaños. Por el camino busca algo que pueda darle como regalo, comienza a darse cuenta de que quizá Mario tiene ya todo lo que necesita...

Opinión
La narrativa generada entre el texto y la ilustración vuelven a éste un gran libro álbum. Cecilia retrata una atmósfera desde la primera imagen que da sentido a toda la historia, al poema de Ana: una habitación llena de objetos que hablan del lugar donde vive la protagonista, de sus pasatiempos, de sus colecciones, de sí misma; su cuarto es como verla por dentro. Esta imagen introduce cómo es que Jana podría encontrar en el trayecto algo para Mario. Para Jana, eso que parte de ella y que a la vez encuentra ahí afuera en el mundo, son los elementos precisos para construir algo que dar. De ahí que, al contrario de lo que algunos creen, regalar también sea un acto creativo, que habla de cuánto conocemos a la persona, de qué forma podemos sorprenderla y en esa medida darle algo de nosotros mismos. El regalo ideal está esperándonos siempre y hay que estar atentos para encontrarlo. Al final, cuando se quiere tanto a alguien, es imposible llegar a su encuentro con las manos vacías.


domingo, 7 de marzo de 2010

Berta sueña


Ilustraciones: Juan Carlos Palomino
Novela ilustrada

Primera edición: 2010
A la Orilla del Viento

—Berta, apaga ya la luz, que es muy tarde.
—Sí papá, ya voy, ...enseguida.
—No, enseguida no, deja ya de leer, ya te terminarás el cuento, y ahora apaga la luz, que si no mañana no hay quien te levante.
—Sí, papá, ahora mismo.
Pero Berta no está leyendo el cuento. Está mirando la imagen de esa locomotora que arrastra unos cuantos vagones en la noche, bajo la nieve, y que está detenida en un pueblo todo nevado, y lleva un faro encendido, que ilumina los copos de nieve que parecen dibujados con una tiza pequeñita [...] Berta piensa que le gustaría ir en ese tren que atraviesa el bosque nevado, y en ese pensamiento se duerme, y sueña. Sueña que viaja en un tren que asciende por una montaña nevada y que llega a una ciudad toda iluminada con muchas bombillas, y es de noche , y es navidad, y ella es una princesa, y el tren atraviesa un puente, y desde la ventana por la que ella mira se ven los tejados de las casas; parecen las casas de un cuento.

Primera impresión
Conocí a Berta en un dibujo de Juan Palomino. No sabía nada de ella, pero me intrigaba esa niña sentada adentro de un bibelot, acompañada de un mono de nieve.
En otra ocasión, Juan me platicó la historia de Berta. Me dijo que se identificaba mucho con ella y que le hubiera gustado escribirla.
Luego llegó el día en que me prestó el texto inédito y me mostró casi todas las ilustraciones que después acompañaron y terminaron por conformar tan bien este libro que vale toda la pena leer. Y de hecho lo leí de jalón en una ida al trabajo. Me gustó tanto que cuando me bajé del camión tuve que sentarme afuera de un banco, sacar una libreta y escribir brevemente algunas cosas que me provocó (supongo que ésa es la verdadera primera impresión*).
Pero el día en que la vi de frente y ya con vida fue aquel de la presentación, donde el libro había nacido y pude llevármelo por fin para que formara parte de mi cajón de los tesoros —como el que Berta tiene—, pero que en mi caso se compone en gran medida por libros y sus respectivos recuerdos.

Ilustraciones
Como si el objetivo fuera generar  negros muy negros, grises en todas sus formas y blancos (reservados o creados), Juan Palomino se basta de tintas, estilógrafos, lápices y hasta grabados para dar vida a la atmósfera y mundo de Berta. Pero lo mejor de las ilustraciones está en la conceptualización. Desde esa entrañable portada, Berta se presenta a sí misma dentro de su propio mundo, y las ilustraciones son fieles a esta idea de un personaje y su mundo interior tan bien retratado en el texto. Así vemos a la protagonista habitar sus dibujos, su objetos coleccionados, cada hoja del parque o su propia soledad.

Reseña
El libro es difícil de resumir. Trata de una niña a quien le encantan los libros, dibujar, recoger hojas, coleccionar. Tiene un hermano pequeño y a veces siente celos de él porque su madre le pone mucha atención, y ella la necesita para que la ayude a terminar un rompecabezas que sola no puede terminar. Su amigo Miguel se fue a vivir a otra ciudad y ella ya le envió una carta que no ha tenido respuesta. Y Daniel ama como ella coleccionar hojas, que ella guarda en una caja junto con sus tesoros más preciados.

Opinión
Esta preciosa novela de Antonio Ventura empieza con Berta en su cuarto, cuando es regañada por leer hasta tarde. Lo que pasa es que su padre no comprende que hay más en leer que el acto mismo de desvelarse, y así entre imágenes, páginas y su propio sueño, Berta habita su mundo cuyo límite con la realidad es tan tenue que nos hace preguntarnos si realmente estamos separados de lo que soñamos, o si no se tratará de los mismos ojos con los que vemos todo, de día o de noche, dormidos o despiertos.

*Notas de la verdadera primera impresión
No sólo los libros cuentan historias. Ésta me llegó primero porque mi amigo Juan me la contó. Cómo puede un hombre identificarse con un personaje femenino no es un misterio, pero sí puede dar al traste las afirmaciones de aquellos que aseguran que hay “libros para niños”, “libros para niñas” y no llanamente “literatura”.
Cómo hay cosas de la novela que se quedan guardadas como si fueran parte de mi propia historia, de esa vida interior que todos tenemos, de esa vida con otras personas, de lo inefable, de una carta que no llega pero está presente desde el primer momento en la vida de la niña. Cómo el corazón es misterioso, las acciones son mágicas y todos somos Berta. Todos soñamos.

domingo, 10 de enero de 2010

Te regalo un cuento


texto: Jorge Gonzalvo
ilustraciones: Cecilia Varela
LIBRO ÁLBUM

Primera edición: 2009
Lóguez


Podía haber sido un paseo por el parque,
una canción a medio hacer
o un truco de magia
sin ensayar apenas.
Pero no podría ser de otro modo,
quería que fuera un cuento.

Primera impresión
Este libro es tan Ceci Varela, que siento que lo conozco desde hace años, casi desde hace tanto como la conozco a ella (bueno, que tampoco es demasiado, ¿unos tres años?). Sé también que estuvo trabajando mucho tiempo en Te regalo un cuento, y debo decir que el resultado es un precioso y de pequeño formato libro álbum que, con un texto muy original y estimulante de Jorge Gonzalvo, y gracias a la gran complicidad que surge entre ambos, es también en gran medida de la autoría de Cecilia Varela.

Las ilustraciones de Ceci siempre llevan simpáticos personajes y profundas atmósferas. Con acrílicos y lápices de colores, cada página compone una nota en ese compás de niebla y encuentros que se dibuja en Te regalo un cuento. No hay un protagonista que conduzca al lector por todo el libro, sino una atmósfera en la que uno entra y por la cual se transita con gracia de principio a fin.

Opinión
Te regalo un cuento es un buen libro álbum en tanto los dos discursos (el textual y el visual) se complementan perfectamente para llevar de la mano a un discurso único que es el que cualquier buen libro álbum consigue comunicar.
Leer es viajar, también lo es escribir, pero escribir es un regalo y el destinatario es cualquier lector que tenga a bien aceptarlo: el regalo es la lectura de un texto sui generis que puede hacer por uno tanto como nuestro helado favorito, nuestra más íntima idea o una promesa de complicidad que se cumple hasta la última palabra. Gracias Jorge, gracias Ceci, por este cuento.

viernes, 1 de enero de 2010

Un gran sueño



Felipe Ugalde
LIBRO ÁLBUM

Primera edición: 2009
Kalandraka
Colección Libros para Soñar


Era un pequeño
con grandes sueños,
ansioso por crecer...


Primera impresión
Fue un gran curso aquel de Javier Sáez en SM hace un par de años ya (y un parteaguas asegurado en la vida de cualquier ilustrador, como bien me advirtió mi amigo Pixilon). Felipe Ugalde tomaba también el curso y ahí nació Un gran sueño. Podría por ende decir que conocí Un gran sueño cuando aún estaba gestándose en Felipe, y estar de cerca en ese proceso fue una experiencia muy rica y un gran privilegio.

Javier Sáez propuso la dinámica de escribir en un papel tres palabras. Felipe escribió algo así como “cocodrilo”, “universo” y algo más (¿“hambre”, “grande”?). Sentado al principio de la fila virtual que todos los días llevaba a Javier a recorrer el trabajo de cada uno de sus alumnos, veía yo (sentada casi al final) a Felipe luchar con sus palabras para relacionarlas y llegar a un concepto. Pero al segundo día casi se le escuchó gritar “¡Eureka!” y todo fluyó en su historia. Se le veía entonces feliz y concentrado.
Y bueno, he aquí el resultado de un arduo y concienzudo trabajo, un libro que no sólo ganó el 1º lugar del II Premio Internacional Compostela para Libros Ilustrados, sino que es una verdadera obra de arte; universal y entrañable.

Las ilustraciones en principio estarían hechas con grafito. Felipe llevó todo el proyecto terminado con lápiz, precioso ya desde entonces. Pero como muchos ya saben probablemente, Felipe es un maestro del acrílico. Cuando estuvo mostrando a varios editores su trabajo, sin conseguir publicarlo, mejor optó por concursar en este premio e intentar publicarlo con Kalandraka. Entonces al parecer regresó al acrílico y el resultado significó la publicación, el premio y una serie de 18 hermosísimas ilustraciones.

Reseña
El libro realmente es como un poema, y sobre todo considerando que se trata de un libro álbum, es necesario verlo para seguir y comprender la narración. Baste decir que la trama inicia así: nace un cocodrilo con grandes aspiraciones, come por primera vez una mosca y de inmediato su hambre lo lleva a ansiar devorarlo todo, a crecer, a llegar lejos; a alcanzar el sentido de su propia vida.

La poética de Felipe Ugalde
En el clímax de "El aleph", Borges comienza a enumerar todo lo que veía en y desde ese punto, intersección de todos los puntos posibles del universo: “Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo” (ver cita completa con todos los objetos citados).



Así Ugalde, sin palabras y con gran maestría conceptual, en una de mis ilustraciones favoritas de este libro, recoge todos esos objetos, todos esos tesoros, todo lo que puede ser alimento del alma y desecho al mismo tiempo. El cocodrilo lo devora todo.

¿Qué vale la pena enumerar aquí, recuperar de esa poderosa imagen?: un Mickey Mouse, un semáforo, el Empire State, un anillo, la lámpara maravillosa, un tiburón, el café de la mañana, un dragón...

¿Qué hay de Felipe en cada elemento que planta en esta página llena de poesía?, ¿qué tienen en común entre sí un pez, la Venus de Milo, un cubo de Rubik? Quizá que son todos alimentos del cuerpo, del alma o del intelecto, cada uno necesario aunque insuficiente para saciar el hambre del cocodrilo.

Tantas interpretaciones posibles de un breve libro, con una paleta suave, una maestría y manejo sólido del acrílico, una gran narración de un aun más grande sueño: estar hambriento, ser ambicioso, querer —literalmente— comerse al mundo. Y una inevitable indigestión que al final siempre vale la pena.

Ahora basta volver la mirada al cielo y ver para siempre, por el resto de nuestras vidas, un sueño vuelto realidad; un cocodrilo que está donde siempre quiso estar y que es lo que siempre soñó.





*El libro incluye estrellitas fluorescentes.